Esto no es una crónica del Séptimo Congreso de Tipografía #7CIT

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Me he sentado delante del iMac, después de los dos meses que ha estado en reparación. He abierto el documento de texto de la crónica del #7CIT que dejé a medias el día que le dije adiós a mi placa lógica.

Lo he abierto. Lo he leído. Llevaba mucho contado. Pero lo escrito ya me sonaba. Ya lo había leído en otro lado. Y es que han pasado unos cuantos meses desde que se acabó el Congreso. Me encanta dejar reposar los eventos de este tipo, pero esto era ya pasarse. Han salido reseñas, galerías de imágenes, comentarios y otras crónicas.Sin lugar a dudas, una de las mejores es la de BauerTypes, que no se deja nada. Muy parecido a las que yo normalmente hago en OFN. Os la recomiendo encarecidamente. Mel de romer, que decimos por estas tierras. La diferencia es que ellos escribieron a la pocas semanas (o a la siguiente) del cierre de Congreso y yo lo estoy haciendo dos meses (bueno, casi tres) después. No tengo mucho más que decir que no hayan dicho ellos.

Así que me lo pienso seriamente mientras acabo mi té de limón. No tiene sentido. No tiene sentido hacer la habitual crónica. El #7CIT se acabo, se fue. Pero hay una parte de él que se ha quedado dentro de mi. Dentro de muchos de los que fuimos. Y la otra, que se ha ido para siempre. Aunque lleguen los nuevos Congresos de tipografía, ya no estará. Difícil de explicar. Y más sin mi té de limón.

Le doy a la tecla de borrar. Sí. Así. Lentamente. Se va borrando todo. Cada palabra que le dediqué a Manuel Delgado y su presentación que nos despertó el primer día. Cada halago a Francisco Gálvez y Rodrigo Ramírez por su tarea hercúlea con el trasporte público de Santiago de Chile. Brutal. Las letras van desapareciendo. Incluso todo lo que sentí y me hizo explotar la cabeza el Sr. Sesma. Me dejó realmente loco. Borro todo. Cada pensamiento de hace unos meses. Que bien que no había escrito nada de mi camarada Joan Quirós, me hubiera sabido mal. No por él, sino por el Andrés del pasado, que casi seguro se hubiera enfadado conmigo por borrar esas palabras que le hubiera dedicado.

Y es que este Congreso no ha sido otro Congreso. Ha sido el CONGRESO.

A ver, entenderme, cuando ocurrió el primero, allá 2004, yo estaba en primero de carrera de diseño gráfico de la EASD. He visto cómo nacía. Bueno, de lejos, en esa época no podía permitírmelo ni por tiempo ni por dinero. Pero cuando, ya graduado, con un trabajo, dinerito y tiempo, comencé a ir. Creo que mi desvirgue fue en la tercera edición. Y salí abrumado y con un amor a las letras que ha ido creciendo con el paso de los años. Eso, y fan hasta la muerte de Vincent Connare.

Desde entonces ha sido una constante. Cada dos años tenía una cita. Bueno, miento. Hubo un año, el quinto, que por razones de curro no pude asistir. Cosas que pasan cuando entras en el engranaje de la profesión. Además fue el dedicado directamente a mi profesión de entonces. Lo lamenté entonces y lo lamento hoy en día.

Pero al tema. El Sexto Congreso, como ya comentamos en la crónica de entonces, tuvo un aire de fin de ciclo. El décimo aniversario nos hacía pensar que las cosas iban a cambiar. Y tanto que cambiaron. Tenéis el #OFNpodcast que le dedicamos junto a mis compañeros Pedro Arilla y mi Joan Quirós (siempre tan presente en mis aventuras).

En esta edición, como hemos repetido tantas veces en las entradas que le dedicamos al pre-Congreso, ya que tuvimos el placer, desde OFN, de ser media partner, iba a ser un edición con un aire más académico.

Más Congreso, menos festival.

El panorama español de la tipografía ha cambiado y ya hay mucha iniciativas de índole festivalera. Por eso, desde la organización decidieron enfocarlo de otra manera. Y solo puedo decir que el acierto ha sido único. Un gran HeadShot, como dicen los jóvenes Gamers.

La experiencia ha ganado muchísimo: el ambiente, los temas, las mesas, como se trataba al asistente, siendo parte íntegra del Congreso, ha sido reveladora. Porque esta vez el Congreso no solo han sido los conferenciantes, hemos sido todos. Incluso yo, que normalmente me escondo, me siento apartado, observando y disfrutando desde la lejanía. He conocido, hablado, discutido y sacado en claro muchas ideas, conceptos y nuevas preguntas.

Ha habido un gran halo de hermandad, de crecimiento personal y profesional. Incluso el último día estuve comiendo en una mesa con Huda Smitshuijzen y Ruedi Baur. ¡Quién me ha visto y quién me ve! Es muy posible que este ambiente ya ocurriera en ediciones anteriores, pero para mi este cambio de percepción ha sido en la séptima.

Todos los cambios, incluido el hecho que fuéramos menos asistentes, ha sido un pro. Un beneficio. Se perfectamente que muchas semillas han sido plantadas en muchos profesionales del sector. Solo hay que esperar y ver como florecerán los años venideros. En mi caso seguro que lo hace. Otra cosa es que me crezca un cactus, una rosa o un cardo. Pero seguro que algo sale.

No quería cerrar este pensamiento escrito, y un poco caótico, sin dar las gracias a todo el equipo que ha organizado el Congreso. Una labor titánica. Me mareaba cada vez que hablaba con Raquel Pelta y me explicaba cómo iban organizándolo todo los meses anteriores. Un locurón.

Gracias Raquel. Gracias de corazón. Te vas. Nos dejas. Dejas a tu hijo, el Congreso, en manos de otros. Sé que siempre vas a estar ahí, pero como dijiste, ya no de forma tan directa. Gracias por todo lo que has supuesto para los que nos asomamos a la tipografía desde la última fila. Has hecho que la amemos y la estudiemos con ilusión y perseverancia.

Y es que tu marcha es el cambio. Nada será ya igual, eso es seguro. Pero espero… No. Pero sé, que los que vienen van a realizar cosas grandes. Van a intentar llegar al nivel de esta edición. Y si consiguen la mitad de calidad, ya será un gran Congreso.

No os voy a decir nada más de esta edición. ¿No vinisteis? Lo siento, os habéis perdido algo muy importante para el mundo de la tipografía, y porqué no decirlo, para el mundo del diseño. Haberlo pensado antes chicos.

Finalizo con algo que ocurrió en ese fin de semana. En el Congreso, el Sr Sesma tuvo unas excelentes palabras para los organizadores en la mesa redonda. Fueron, a mi parecer, una carta de amor en forma valoración. Me encantó. Y después de consultarlo con la almohada, al día siguiente me armé con mi grabadora y fui por el Congreso preguntando a los asistentes que le parecía el CIT. No este 7CIT. Sino el CIT. En toda amplitud. En todas las ediciones. En todos estos años. Que me dijeran que representaba, de forma totalmente subjetiva, para ellos el Congreso. Y de aquellas minicharlas robadas a punta de pistola, sale el video a continuación. Mi homenaje al CIT. Mi Homenaje a los organizadores.Mi homenaje a Kike. Mi homenaje a Raquel. Espero que os guste:

 

 

PS: Muchas gracias a Andreu Balius, Iván Castro, Joan Quirós, Josep Gil, Marc Salinas, Manuel Sesma, Juanjez, María Navarro, Modesto Granados, Laura Meseguer y Pablo Gámez por dejaros robar unos minutos de vuestro tiempo en el CIT, micrófono en mano, y tener tanta santa paciencia.

 

Andrés Sanchis en una noche calurosa de septiembre de 2016